29 de abril de 2026

POR ELECCIÓN

"Tener las necesidades emocionales satisfechas no significa que estas desaparezcan, sino que han sido cubiertas adecuadamente, permitiendo relaciones basadas en la libertad y no en la carencia. La madurez implica un estado de plenitud donde se elije compartir amor en lugar de depender de otros para llenar un vacío personal."



LA NECESIDAD POR ENCIMA DEL AFECTO 

Edgardo Flores Herrera habla de las necesidades de las relaciones humanas



Por: Edgardo Flores Herrera | Fuente: Yoinfluyo.com


ABRIL DE 2011


"Eres el aire que respiro", "no podré vivir sin ti", "eres lo que me hace feliz", "sin ti no soy nada"... Frases tan lastimeras que parecieran de un condenado, de un mendigo, de alguien determinado e incapaz de poder ser feliz por sí mismo. Curiosamente, estas son frases que se escuchan frecuentemente en las canciones, poesías, telenovelas y demás medios; ¡frases que promueven la dependencia!


Robinson Crusoe, o más moderno aún, "El náufrago", representan adecuadamente las necesidades de las relaciones humanas en la vida de cualquier ser humano. Somos seres sociales, por lo tanto, es importante establecer vínculos con diversas personas, pero sucede que esas relaciones que establecemos, más que estar basadas en la elección libre, están basadas en la necesidad, y ésta es una de las causas de los conflictos que surgen en las interacciones.


El libro "El camino hacia la autodependencia" representa con mucha claridad nuestro caminar en el desarrollo personal, de nuestra niñez hasta la adultez esperada. Un caminar continuo, de búsqueda, de logros, de alcances y fracasos, pero un camino que nos permitirá disfrutar mucho más de los vínculos que nos unen a aquellas personas con las cuales compartimos.


Empezamos a existir dependiendo. Dependemos de nuestra mamá porque nos desarrollamos en su vientre a lo largo de nueve meses, y al nacer, seguimos dependiendo. Es gracias a los cuidados que nos prodigan nuestros seres queridos que podemos desarrollarnos.


Como bebés dependemos, y empezamos a descubrir que las demás personas son seres independientes, y nos enfrentamos a las primeras pérdidas, al darnos cuenta de que mamá no siempre está a nuestro lado para prodigarnos atención, que es alguien distinto a mí y nos enfrentamos con nuestra primera realidad: la soledad.



Y nuestro desarrollo continúa a lo largo de los distintos niveles de dependencia. En algún momento de nuestra vida pasamos por la co-dependencia, es decir, nos valoramos con base en la relación que tenemos con nuestros padres o con algún ser querido. El "no puedo vivir sin él o ella" es tan cierto como que el sol aparece cada mañana en el horizonte. Nuestros sentimientos infantiles están ligados a la persona más significativa de nuestra vida.


Cuando adolescentes, en esa búsqueda de independencia caemos en la posibilidad de proponer a nuestros padres la interdependencia, es decir, soy consciente de que dependo de ellos, pero hago énfasis en que ellos también dependen de mí y lo remarco.


Se quiere hacer de las relaciones un simple intercambio de necesidades, un trueque, un comercio. Y seguramente me volveré exigente al momento que perciba algún tipo de desigualdad, porque si yo estoy aportando, es justo que me den de la misma manera.


Y seguro en nuestro caminar surgió la posibilidad de plantearse la independencia. Un camino que se vislumbra como la oportunidad de desligarnos de cualquier relación, un afán de demostrar nuestra supremacía, de ser aquellos súper hombre o súper mujeres, una respuesta al descubrimiento que todos los demás tipos de relación no nos han satisfecho.


La independencia, ansiada meta juvenil. Pero tal idea nos enfrenta a la creencia de que aquél que pide ayuda es un fracasado, y por lo tanto, no se atreve, y lucha solo frente al mundo, a la vida, a su misma existencia. Se halla solo frente a un mundo que fluye. Nuevamente, aprendemos sobre la soledad.


Es una lástima, una verdadera lástima, cuántos son los seres humanos que se han quedado estancados en algún punto de este desarrollo. Cada uno de ellos se ha apartado de la parte que nos corresponde como personas, que nos diferencia de los demás seres viven que existen sobre el planeta: la libertad, la responsabilidad y la voluntad.


Existen y existirán personas que dependerán completamente de los demás, basando sus percepciones, sentimientos, opiniones y actos en una o varias personas. Incapaces de tomar una decisión por el miedo a lo que esto representa.


No son seres libres, sino que están encadenados, esperando el momento en que puedan "existir" gracias al reconocimiento de alguien más. En ocasiones, lo más grave, es que este tipo de personas permiten, prácticamente cualquier cosa, con tal de retener a aquella persona y evitar enfrentarse a la soledad, a la sensación de responsabilizarse de sus propias vidas.


Para todo esto, para el despertar de estar realidad se propuso la interdependencia. En una sociedad mercantil donde los vínculos están basados en la percepción de ganancia, se traslada esta misma visión a las relaciones humanas, creyendo que con ello se logra un "ganar-ganar" y así evitar caer en dependencias o codependencias.


Y al final, inmerso en esta ideología se sigue fomentando la dependencia. No nos une el afecto, sino la necesidad; comparto contigo mi casa, porque nos "ayudamos" mutuamente con los gastos, con los pendientes, con las responsabilidades, y seguimos siendo "libres", cada quien aporta lo suyo. Pero "¡ay del momento en que dejes de hacer lo que te corresponde!", porque la relación se fracciona. Sin bases, sin una fuerte unión, sin amor, todo se desmorona.


La madurez en nuestro desarrollo llegará al momento de darnos cuenta de, si bien, es imposible no depender, también es una tontería querer basar nuestra felicidad en los demás. Nosotros somos los únicos responsables de esto, ¡nadie más!


Y esto produce escozor en la mentalidad actual, es difícil entender esto, el afirmar "no te necesito para ser feliz" puede decaer en el intento falaz de buscar la total independencia, ¡pero tal cosa no existe!


No necesitarte para ser feliz es un acto de responsabilidad para uno mismo, es decir, yo soy el principal responsable de mi felicidad, yo me permito vivir aquellos momentos que me llenarán de plenitud y de gozo, de satisfacción y de alegría, pero tales momentos no dependerán de alguien más, sino que yo decido.


Es un acto de voluntad, es una decisión constante, es la aceptación de mi existencia y de mí mismo como alguien valioso, que merece vivir cada aspecto de la existencia al máximo, ya sean alegrías o penas, júbilo o dolor, en cada situación decido.


Es un acto de libertad, porque permite que los vínculos que estrechemos sean producto del querer compartir, compartirnos, yo te elegí a ti, no para que me hagas feliz, sino porque yo soy feliz, pero quiero compartir contigo esa felicidad, no te necesito, te elijo, y en esa elección soy pleno.


Es un largo caminar, un caminar por senderos difíciles, lleno de espinas, de errores y caídas, pero un sendero que llevará a una felicidad plena... a la madurez.


http://edgardoflores.blogspot.com/

twitter: @edgardoflores



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