27 de noviembre de 2024

La Medicina y La Enfermedad




 LA MEDICINA Y LA ENFERMEDAD


¿Cuál es la tarea de la medicina?

La medicina tiene como tarea:

servir siempre a la vida: promoviéndola y defendiéndola desde su concepción hasta su ocaso natural. También cuando sabe que no puede debelar una grave patología, dedica sus propias capacidades a suavizar los sufrimientos.

Reconocer y respetar (o al menos no excluir) la dimensión trascendente, moral y espiritual de la vida humana.

Actuar y acrecentar la investigación y el progreso científico:

· como instrumento formidable para mejorar las condiciones de vida y de bienestar;

· en el respeto de la intangibilidad de cada ser humano;

· evitando toda voluntad de dominio.

Realizar continuamente una atenta reflexión sobre la naturaleza misma del ser humano, sobre su dignidad de ser humano creado por Dios a su imagen y semejanza. Tal dignidad inviolable del ser humano:

· pone al ser humano al centro y en la cima de todo lo que existe en la tierra;

· encuentra su fundamento:

o              en el misterio de la Creación, y en el de la Redención, realizada por Jesucristo, el Hijo eterno de Dios, Verbo de la Vida;

o              y en el destino del ser humano, el cual está llamado a ser hijo de Dios en el Hijo (Jesucristo) y templo vivo del Espíritu Santo, en la perspectiva de la vida eterna de comunión beatificante con Dios;

· va respetada en cualquier circunstancia o condición en la que se encuentre el ser humano y en cualquier estadio de su desarrollo en el que se encuentre (embrión, feto, niño, adulto, anciano o moribundo). Ni siquiera el sufrimiento, el estado de inconciencia, la inminencia de la muerte disminuyen la intrínseca dignidad de la persona humana.

Recordar que el servicio de la medicina a la vida y a la salud es siempre y en todo caso un servicio que remite al sentido del sufrimiento y de la muerte.

Dejarse vivificar por la inspiración cristiana, la cual no quita nada al ser humano y a la investigación científica, la ilumina y la dirige al verdadero bienestar integral de cada persona y de toda la persona.





¿Cuál es la tarea de los médicos?

Los médicos tienen la tarea de:

ser siempre los servidores de la vida, que es siempre un bien en sí misma y por sí misma.

Respetar los principios éticos que tienen su raíz en el mismo Juramento de Hipócrates, el cual afirma que:

· no hay vidas indignas de ser vividas;

· no hay sufrimientos, por cuanto penosos, que puedan justificar la supresión de una existencia;

· no hay razones, por muy altas, que hagan plausible la creación de seres humanos destinados a ser utilizados y destruidos.

Contribuir efectivamente a la eliminación de los motivos del sufrimiento que humillan y entristecen al ser humano, y a edificar un mundo siempre más acorde con la dignidad del ser humano.

Ponerse a la escucha de cada ser humano, sin distinción ni discriminación alguna, y acoger a todos para aliviar los sufrimientos de cada uno. .

Ver en el enfermo no un número clínico, sino una persona a la cual acercarse con humanidad y participación: a pesar de todo, el enfermo siempre vale más que su enfermedad y su vida vale más que aquello que la amenaza.

Curar ciertamente la enfermedad, pero sobretodo al enfermo, teniendo presente la complementariedad e interdependencia de todas las dimensiones de la persona (físicas, afectivas, morales, espirituales, familiares, sociales …). < /li>

Ir al encuentro de las necesidades de toda la persona, recordando que la única respuesta verdaderamente humana, de frente al sufrimiento ajeno, es el amor que se prodiga en el acompañamiento y en el compartir.

Agregar al aporte institucional de la propia profesionalidad el ‘corazón’, que sólo está en grado de llegar al ‘corazón’ del enfermo y de humanizar las estructuras.

Vivir la propia profesión como don de sí al enfermo (caridad profesional).

Recordar que existe una relación directamente proporcional entre la capacidad de sufrir y la capacidad de ayudar a quien sufre: quien está dispuesto a aceptar y soportar con fuerza interior y con serenidad los propios sufrimientos es también la persona más sensible al dolor ajeno y la más pronta a aliviar los dolores de los demás.

Poner en acto la verdadera compasión, la cual:

· promueve todo racional esfuerzo para favorecer la curación del paciente;

· acompaña al paciente con amoroso respeto y dedicación durante toda la duración de su enfermedad, poniendo en acto todas las acciones y las atenciones posibles para disminuir los sufrimientos y favorecer una vivencia de los mismos en cuanto posible serena;

· estimula la solidaridad y el compartir no sólo junto y por quien sufre sin más esperanza, sino también junto y por quien vive la experiencia del dolor de una persona querida;

· al mismo tiempo ayuda a detenerse cuando ninguna acción resulta ya útil a la curación.





¿Cuál es la tarea de los médicos católicos?

El médico católico tiene la misión de:

poner en acto los mismos empeños expuestos anteriormente los cuales son comunes a los médicos no católicos, con mayor dedicación y espíritu de abnegación, testimoniando el amor de Cristo por los enfermos.

Prestar atención a la dimensión espiritual del ser humano, teniendo muy presente el sentido cristiano de la vida y de la muerte, y la función del dolor en la vida humana.

Respetar siempre y fielmente la ley de Dios, poniendo en acto si es necesario la objeción de conciencia de frente a aquellas personas que contradicen la ley divina.

Saber reconocer en cada enfermo al mismo Cristo: ocupándose del enfermo, el cristiano sabe que se ocupa del mismo Cristo (cfr. Mt 25,35-40).

Tomar de la fe cristiana el conforto en el propio sufrimiento y la capacidad de aliviar el sufrimiento ajeno.

Estar:

· consciente de ser un instrumento del amor misericordioso de Dios;

Colaborar con cuantos están empeñados en la pastoral del sufrimiento.

Vivificar el propio servicio médico con la oración constante a Dios, “amante de la vida” (Sap 11,26), recordando siempre que la curación, en última instancia, viene del Altísimo, por la intercesión particular también de la Santísima Virgen María invocada como Salus infirmorum et Mater Scientiae.

Poner en práctica no sólo las curas médicas, sino también las espirituales, las cuales constituyen no sólo una necesidad sentida, sino incluso un derecho fundamental de todo enfermo, con la consecuente responsabilidad de quienes lo asisten.

Interrogarse acerca de la propia espiritualidad, sobre el sistema de valores que guía la propia existencia, sobre las respuestas que nacen del corazón a los interrogantes relacionados con el significado del sufrimiento y de la muerte.

Llevar consuelo cristiano a los enfermos y a sus familiares.

Favorecer por parte del enfermo la petición y la acogida en la Fe, de los sacramentos que Cristo ha instituido también para ayudar espiritualmente al enfermo: los Sacramentos de la Confesión, de la Eucaristía (en particular como Viático) y de la Unción de los enfermos.

Cuál es la concepción cristiana acerca de los cuidados paliativos?

La Fe cristiana:

reconoce la licitud y la necesidad en algunos casos de los cuidados paliativos, los cuales están“destinados a hacer más soportable el sufrimiento en la fase final de la enfermedad y a asegurar al mismo tiempo al paciente un adecuado acompañamiento” (Juan Pablo II, Evangelium vitae, 65).Estas de hecho buscan aliviar especialmente en el paciente Terminal, una vasta gama de síntomas de sufrimiento físico, psíquico y mental, y requieren por lo mismo la intervención de un equipo de especialistas con competencia médica, psicológica y religiosa, compenetrados entre ellos para sostener al paciente en la fase crítica.

Afirma al mismo tiempo la necesidad de respetar la libertad de los pacientes, los cuales deben ser puestos en grado, en la medida de lo posible, “de satisfacer sus obligaciones morales y familiares y sobre todo deben poder prepararse con plena conciencia al encuentro definitivo con Dios” (op. cit., 65).

Recomienda que el suministro de los analgésicos sea efectivamente proporcionado a la intensidad y a la cura del dolor, evitando cualquier forma de eutanasia como se tendría suministrando ingentes cantidads de analgésicos proporcionados con la finalidad de provocar la muerte.

Recuerda la teoría del llamado doble efecto ligado al uso de tales fármacos: los cuales de hecho si por una parte alivian el dolor, por otra parte pueden llevar a la dependencia o incluso acelerar el efecto letal de la enfermedad.

Anima la formación de especialistas en cuidados paliativos, en particular con la creación tanto de estructuras didácticas en las cuales pueden interesarse también psicólogos y agentes pastorales, como de casas de cuidado para los enfermos terminales, recordando que ya en el siglo primero, en tiempos del Papa San Cleto -tercer sucesor de San Pedro- la Iglesia había proveído a su construcción.

 

 


¿Qué dice la Fe cristiana acerca del ensañamiento terapéutico?

La fe cristiana afirma que:

· el rechazo del ensañamiento terapéutico no es un rechazo del paciente y de su vida.

· El objeto de la deliberación sobre la conveniencia de iniciar o continuar una práctica terapéutica no es el valor de la vida del paciente, sino el valor de la intervención médica sobre el paciente.

· La eventual decisión de no dar inicio o de interrumpir una terapia debe considerarse éticamente correcta cuando la misma es el resultado ineficaz o claramente desproporcionado a los fines del mantenimiento de la vida o de la recuperación de la salud del paciente.

· El rechazo del ensañamiento terapéutico por tanto es expresión del respeto que en todo instante se le debe al paciente.

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